El pasado verano los rumores de la desaceleración española se convirtieron en una realidad. Pasó de un 3% a rondar el 2,5% trayendo consigo la caída de la confianza empresarial y del consumidor, la disminución del turismo internacional y de las compras minoritas.

La ralentización europea y global se empezó a evidenciar en España a través del comercio. La demanda del exterior le restó 0,2 puntos al PIB anual. Entre abril y junio del año pasado las ventas  extranjeras disminuyeron 1%, la mayor caída desde 2011 comparado con los tres meses anteriores.

España se había caracterizado porque su crecimiento en las exportaciones era mayor que el de los países europeos, su participación en los mercados mundiales era sobresaliente. El cambio en este escenario se atribuyó a la sombra de la desaceleración.

Sin embargo, los expertos señalan que el crecimiento continua siendo fuerte, por lo que descartan que se trate de señales de una nueva recesión. Empero, hay sobradas razones para seguir de cerca las tensiones internacionales actuales, como es el caso de la guerra arancelaria China – USA, para prever las acciones futuras.

Estudios como los realizados por  BBVA Research, publicado a finales de 2018, hicieron eco de la baja en las exportaciones, pero subrayaron una robusta recuperación en este ámbito en 2019, a diferencia de otras investigaciones cuyos resultados arrojaron una mayor preocupación por el estatus español.

BBVA Research justificó las causas de la desaceleración europea a los altos costos del petróleo, y a las restricciones en ciertos mercados.

 

Proyecciones para el resto del año: ¿es preocupante la desaceleración española en 2019?

 

Ante ese escenario de dudas, los conocedores apoyan la idea de que el crecimiento se mantendrá robusto, por lo menos hasta mediano plazo.

En lo que se refiere a la demanda nacional, las inversiones en equipo y el sector construcción seguirán siendo factores activos, gracias a que las condiciones financieras se mantienen positivas y existen favorables perspectivas del mercado laboral.

Expertos en el tema destacan que un crecimiento del 2,5% continua siendo meritorio comparado con el desenvolvimiento de las grandes economías que han ido creciendo en menor porcentaje. Para ejemplificar esto citan que la zona euro crece por debajo del 2% y Japón en un uno por ciento.

Otro aspecto a destacar por los entendidos, es que la desaceleración para a ser preocupante si superara el bienio 2019-2020, si se convierte en constante este comportamiento. No obstante se vislumbra que la ralentización solo se experimentara durante los citados años.

El aumento de los sueldos, que conlleva al crecimiento del consumo; la recuperación en el ramo inmobiliario, que gestará unos dos puntos de PIB; el crecimiento del empleo en un 1,9%, la disminución de la tasa de desempleo a 14,2%, y la reactivación del turismo nacional, para compensar el internacional, son algunos de los elementos que refuerzan el valor de la economía española.

Es bien sabido que las previsiones fueron reajustadas porque haber crecido a nivel de exportación sensibilizó al mercado ante los conflictos internacionales, pero ningún país puede ser firme ante determinados embates como las negociaciones del Brexit sobre la salida de Reino Unido; la política fiscal en Italia y Francia, y las tensiones comerciales con EEUU.

Los más positivos mantienen que España seguirá creciendo de forma relativamente vigorosa, comparado con las economías europeas, aunque a menor ritmo que en 2017. El gobierno se sumó a este bando, a diferencia del grupo de Mariano Rajoy, cuyas estimaciones siempre se estacionaban entre las más conservadoras del mercado.

Aunque algunos indicadores dejan ver que la desaceleración podrá medirse como moderada, más nublada que oscura, la incertidumbre y el temor a estar perjudicados económicamente  pueden constituir la base de conflictos sociales a nivel mundial.

La sombra de la desaceleración española en 2019
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